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martes, 6 de septiembre de 2011

Viaje a Etiopía

Dicen, que una vez, en una gran selva del mundo, hubo un gran incendio, los animales huían del fuego, como locos, corriendo, en manadas, sin saber a dónde dirigirse… todos corrían y corrían… al cruzar un río, un gran elefante de orejas grandes, vio a un pequeño pajarito, de pecho rojizo y alas de color azul, que con su piquito, cogía agua del río, volaba y la dejaba caer a los pies de un roble….
El elefante, de orejas grandes, sin dar crédito, preguntó: -“Pero ¿que haces pajarito?”. Al que el pajarito, sorprendido por la pregunta respondió “ -“¿No lo ves?, estoy apagando el fuego de mi casa?”
El elefante, con los ojos muy abiertos le dijo “¿Pero no ves que es imposible que con la poquita agua que coges con el pico, puedas apagar el fuego de un árbol tan grande”?.
El pajarito, muy serio e indignado se volvió, viendo huir a todos los animales, corriendo y corriendo, le respondió al gran elefante de orejas grandes.
- ¡¡ELEFANTE… QUE CADA UNO ASUMA SU RESPONSABILIDAD!!

Me encanta este pequeño cuento. Me hace mucha gracia el pajarito de pelo rojizo pero a la vez me hace pensar en la realidad humana y en cómo nos miramos el ombligo más de lo que debiéramos. En un mundo en el que las palabras "tener", "conseguir", "alcanzar un determinado puesto", "stress"... se han convertido en las más usadas, aún hay sitios en las que hay hueco para otras... "compartir", "dar", "cariño", "sonrisa", "coger de la mano", "cuidar". Lo que nunca había pensado era que este verano usaría tanto esas palabras aunque, lamentablemente, iban acompañadas de "malaria", "desnutrición", "orfanato", "hambre", "agua turbia"...
Elementos tan sencillos en nuestras vidas son muy dificiles de conseguir en cuanto sales de este primer mundo. Uno no se hace a la idea hasta que se encuentra en un poblado perdido de Etiopía. Entoces allí te das cuenta de lo absurdo de nuestro comportamiento y de lo patéticos que a veces podemos resultar los "blancos", con perdón de quien se sienta ofendido... yo soy la primera patética. Queda escrito.
He pasado tres semanas maravillosas en una misión en un pequeño poblado, llamado Dubbo, en la región de Wolaita, Etiopia. Allí me esperaban las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, que llevan 12 años trabajando en la zona y que tienen una gran cantidad de proyectos y programas. Tienen tres escuelas repartidas por la zona a las que asisten 440 niños, un hospital que atiende a una población cercana a 200.000 habitantes, un programa de promoción de la mujer, apadrinamiento de niños y ancianos y un orfanato donde ahora mismo viven 32 bebés. Niños que no habrían tenido ni la más mínima oportunidad de sobrevivir si no fuera por estas valientes misioneras.

La preciosa Kirit. ¡Qué ojos!

Las historias de estos niños del orfanato son escalofriantes. Por ejemplo, Kirit, una niña preciosa del orfanato, tiene seis meses y pesa 3 kg. Fue abandonada por su madre hace un mes y medio. Estando yo allí, enfermó de malaria, pero sobrevivió. Estará en el orfanato hasta que alguna familia europea decida adoptarla. Esperemos que tenga suerte. Sin embargo, no es tan fácil. Marcelo y Martín llevan ya tres años en el orfanato y empiezan a ser muy mayores para que nadie quiera adoptarlos. Su vida será una lucha constante por sobrevivir.

La labor que estas Misioneras desempeñan allí es extraordinaria... titánica. Más cuando las condiciones de vida son extremadamente complicadas. La cultura, el idioma y las infraestructuras son ya de por sí unas barreras importantes. La falta de luz, agua, teléfono, Internet, gas... dificultan aún más la vida, aunque bien es cierto que dentro de la Misión, a veces, hay luz, agua y teléfono. La malaria y el tifus son como dos fantasmas que siempre merodean entre los habitantes de Dubbo y de la Misión, por supuesto.

Esperando para entrar a la misión
Sin embargo, y a pesar de todas estas dificultades, cada día sale el sol y comienza un nuevo reto. Durante los meses de vacaciones (julio y agosto), las misioneras dan de comer un plato caliente y llenan las cantimploras de agua limpia a 900 niños, que recorren entre treinta minutos y dos horas de caminos a pie para ir a la Misión. Pero es la única vez al día que comen y les merece la pena. Cuando llegan a la misión, hacen una enorme fila y llenan sus cantimploras. Después se lavan las manos y la cara, y pasan al comedor donde bendicen los alimentos y comen tranquilamente un plato de alubias con maíz. 

Shion, comiendo su plato

Haciendo la cola para coger agua

Lavándose las manos antes de comer

 

Área de pediatría.
 Pabellón de desnutridos
El hospital se mantiene también gracias a la ayuda de las misioneras, de la ONG Crear Sonrisas y de Manos Unidas. “Crear Sonrisas” es una pequeña ONG que trabaja desde hace cinco años en Dubbo. Gracias a ellas, entre otras cosas, toda la población de la zona tiene sanidad gratuita. Con tan sólo 200 euros al mes, el hospital puede atender a todos los pacientes que se acerquen hasta allí. ¡¡¡Sólo 200 euros al mes!!! Es increíble todo lo que se puede hacer allí con tan poco dinero.
 

Hamurat y Abut

Cincuenta ancianos y seiscientos treinta y un niños reciben dinero mensualmente, educación y asistencia sanitaria gratuita gracias al programa de apadrinamiento. Con tal sólo 250€ al año puedes proveer a un niño y a su cuidador de todo eso. Estando yo allí apadriné a dos hermanos, de unos 11 y 16 años. Son huérfanos y viven en Areka de la mendicidad, la ciudad más cercana a Dubbo. Suelen “ganar” 4€ mensuales y gastan 1,5€ en una habitación alquilada. A pesar de ello, van a la escuela, aunque a la misma, ya que el mayor de ellos está enfermo de polio y no puede caminar. Necesita a su hermano para llevarle a todos lados. Con mi pequeña aportación económica, los dos recibirán educación y sanidad gratis, y 11€ al mes... eso sí, a cambio de que se dediquen exclusivamente a estudiar y dejen de pedir en la calle. Me gasté el dinero que me quedaba para comprar recuerdos en comprarle una silla de ruedas totalmente nueva. 160€...

El tiempo transcurrió solucionando problemas que surgen continuamente, jugando con los niños, ayudando a los enfermos y dando mucho amor a los bebés abandonados. Siempre entre las risas de los niños y la amabilidad de las personas.

Es una experiencia que recomiendo encarecidamente a todo el mundo, a todos; jóvenes o adultos, creyentes o no creyentes, rotarios o no rotarios. La sonrisa y el amor que te transmiten los niños de Dubbo son una potente energía para querer hacer más, mucho más... para querer vivir entregando absolutamente lo mejor de cada uno sólo por conseguir que un niño, cualquiera de ellos, vuelva a sonreír.

Ha sido simplemente maravilloso. Y si alguno de ustedes se está preguntando que si no me daban pena todos esos niños... la respuesta es No, no dan pena, porque son felices.

R escribe





4 comentarios:

  1. Amiga además de estar muy orgullosa de ti, la energia con la que la transmites es sin duda tu gran potencial!! Keep it simple, se nos olvida a diario y dar Gracias por lo que tenemos también, sin duda que son envidiablemente felices!!! Pachi

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  2. Gracias Pachi por tu comentario! TQ Muak!

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  3. Me ha encantado leer el último blog y quería preguntarte si en el orfanato de las Misioneras llevaron a finales de agosto a 9/10 ninos de una casa de transición de addis abebba de una Ecai Española. Yo soy tengo una preasignación de una niña que creemos fue llevada allí y estoy desesperada por saber de ella. Muchas gracias por tu ayuda.

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  4. Querida PamVazquez, la verdad es que no me suena. Yo estaba allí y no llegó tal cantidad de niños. De todos modos este orfanato está en Dubbo, en la región de Wolaita, a 300km de Addis Abeba... No sé cómo puedo ayudarte pero escríbeme un mail personal a brithandco@gmail.com contándome la historia, la agencia con la que lo has hecho y tus apellidos e intento preguntarlo en la Misión por si acaso saben.
    Mucha suerte y ánimo! es una tarea muy dura pero seguro que al final lo consigue!
    R

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